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La obra que se nos presenta es una pieza profundamente devocional, cargada de simbolismo histórico y espiritual, dedicada a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Enmarcada con solemnidad, la composición se despliega en un formato tridimensional que combina textiles dorados, plateados, rojos y azules, creando una imagen que no solo representa, sino que encarna la presencia de lo sagrado.

Análisis visual y simbólico

  • El manto dorado en el centro, iluminado por una luz cálida que parece emanar desde el interior, sugiere la aparición milagrosa de la Virgen en la bahía de Nipe, como fue avistada por los tres esclavos en 1612: Juan Moreno, el niño negro de 10 años, y los hermanos indígenas Juan y Rodrigo de Hoyos.

  • Las telas rojas y azules que flanquean la figura central no solo aportan contraste cromático, sino que evocan la dualidad de la pasión y la serenidad, atributos que se asocian a la Virgen como madre protectora y guía espiritual.

  • La inclusión de textos oracionales en español, distribuidos alrededor de la figura, transforma la obra en un altar íntimo. Las súplicas escritas no son meros adornos: son voces que resuenan desde la historia, desde la fe popular, desde la necesidad de consuelo.

Contexto histórico y cultural

La obra se inscribe en una tradición visual que honra a la Virgen del Cobre no solo como figura religiosa, sino como símbolo de identidad nacional. Su proclamación como Patrona de Cuba por el Papa Benedicto XV en 1916 consolidó su papel como protectora del pueblo cubano, especialmente de los humildes, los marginados y los esclavizados —como aquellos que presenciaron su aparición.

 Valor artístico

Más que una representación figurativa, esta obra es una manifestación de fe encarnada en materia. El uso de textiles en lugar de pintura tradicional sugiere una intención de tactilidad, de cercanía, como si el espectador pudiera tocar la devoción misma. Es una pieza que trasciende el objeto artístico para convertirse en espacio de oración, memoria y resistencia.

En definitiva, esta obra logra articular historia, espiritualidad y estética en un solo gesto visual. Es un testimonio de la fe cubana, de la esperanza que brota incluso en los márgenes, y del poder del arte para hacer visible lo invisible.